Alexander Von Humboldt y Acapulco

De Alexander Von Humboldt existen innumerables ensayos, artículos y libros donde se resalta una o varias de sus múltiples facetas como biólogo, humanista, geógrafo y astrónomo, sin embargo, poco se habla de su aportación como promotor turístico de México.

Nacido el 14 de septiembre de 1769 a las afueras de Berlín, Alemania, Alexander von Humboldt, fue un viajero erudito, apasionado de las expediciones científicas, y un minucioso observador.

Motivado por sus tutores particulares, fue un gran aficionado por la naturaleza y los viajes.

Tras la muerte de su madre en 1797, renunció a su prometedora carrera de funcionario de gobierno y se dirigió a Paris, Francia, donde más tarde conocería al botánico Aimé Bonpland, con quien además de una amistad, también compartiría la inquietud de llevar a cabo sus viajes científicos.

El 5 de junio de 1799, después de obtener el salvoconducto para explorar las provincias americanas bajo dominio español del rey Carlos IV, se embarcaron con rumbo a Venezuela.

Tras un fascinante viaje por el continente americano el 23 de marzo de 1803 Humboldt desembarcó en Acapulco, procedente de Guayaquil y sorprendido por la belleza de la Bahía de Santa Lucía, se quitó sus botines para caminar sobre la arena de la paradisiaca playa.

Acapulco enamoró, enamora y seguirá enamorando a primera vista, y Von Humboldt no fue ajeno a su encanto y su “Ensayo Político Sobre el Reino de la Nueva España” es prueba inequívoca de ello.

En su ensayo, además de destacar la importancia que Acapulco tenía para el comercio de la época, se pueden encontrar los siguientes calificativos:

“Uno de los más hermosos puertos conocidos del mundo”,

“El más bello de todos los que hay en las costas del Océano Pacífico”,

“Parece un estanque inmenso hecho por la mano del hombre”,

“Una inmensa concha cortada entre peñascos”.

Aunado a lo anterior, y tras plasmar en sus escritos las bellezas de Acapulco, señaló los recintos de la Ciudad de México que más llaman la atención de los viajeros: la Catedral Metropolitana, la Casa de Moneda, la Escuela de Minería, entre otros.

La entonces Nueva España fue uno de los espectáculos más impresionantes para el viajero, explorador y pionero del turismo en México.

Gracias a este y otros escritos, la gente en Europa y otras partes del mundo conoció una cara diferente de nuestro país y los viajeros se interesaron en adentrarse más en lo que hoy es Guerrero, Morelos, Puebla, Hidalgo, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Estado de México y Veracruz.

Además, para dimensionar los aportes que sus trabajos le dieron a nuestro país, basta señalar que, en 1859, el presidente Benito Juárez, lo nombró “Benemérito de la Patria”.

Sin duda alguna Alexander Von Humboldt marcó un parteaguas para que el mundo conociera la belleza e importancia de México y sobre todo al majestuoso puerto de Acapulco.