La Candelaria en Acapetahua: Tradición, Danza y Devoción Popular
En Acapetahua, la celebración del Día de la Candelaria comienza desde los primeros días de enero, con los rezos dedicados a la Virgen María. Las madrinas, figuras clave en esta festividad, acuden a la iglesia acompañadas por sus invitados y música tradicional, llevando flores como ofrenda en el día que les corresponde.
Mientras tanto, los participantes en la emblemática danza de “Moros y Cristianos” inician sus ensayos desde comienzos de año. Esta danza es mucho más que una representación escénica: es un ritual lleno de simbolismo, en el que cada personaje debe memorizar relatos históricos y teatrales transmitidos por tradición oral. Los danzantes más experimentados instruyen a los nuevos, enseñándoles cómo actuar frente al público.
Previo a las presentaciones, cada personaje busca a una mujer de confianza que será su acompañante durante toda la festividad. Ella lo llevará del brazo hasta el lugar donde le toque bailar, estará pendiente de su vestuario y le tendrá siempre lista una silla para cuando finalice cada intervención.
Según el cronista local Armando Palacios Vázquez, esta danza tiene dos versiones: una en la que participa la princesa Florhipe, hija del rey de los moros, y otra centrada en la figura de Roldán, caballero del ejército cristiano.
Por el bando cristiano se encuentran:
Del lado moro participan:
La Fiesta de la Candelaria se desarrolla durante dos o tres días, y en ese lapso se realiza la representación de la danza en diferentes espacios:
Primera presentación: en la iglesia, como ofrenda a la Virgen.
Segunda: en casa del mayordomo de la fiesta.
Posteriores: en los lugares donde son invitados.
El primer día, los personajes salen montados a caballo para el desafío; al día siguiente, caminan a pie hasta el campo simbólico de batalla.
Finalmente, ocho días después, se realiza la danza de despedida conocida como "el ochavario".
La representación dura alrededor de dos horas, ya que cada personaje tiene un diálogo o intervención especial, lo que la convierte en una experiencia teatral viva y envolvente.
Esta tradición llegó a Acapetahua hacia el año 1937, introducida por los hermanos Ruiz, quienes la comenzaron a realizar los días 1 y 2 de febrero. Desde entonces, la festividad ha crecido con fuerza gracias al compromiso de la comunidad.
Uno de los pilares de la organización son los mayordomos, elegidos anualmente al cierre de la celebración. Aunque es una fiesta de raíz católica popular, la Iglesia no participa directamente en la organización, lo que la convierte en un ejemplo de religiosidad viva gestionada por el pueblo mismo.